Una vuelta a casa convertida en odisea

Una vuelta a casa convertida en odisea

La cuarentena ha modificado completamente mi rutina y la capacidad de concentración se diluye con el paso de los días

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No he sentido que la cuarentena haya afectado excesivamente a mi estado de ánimo, pero cada vez se hace más evidente la falta de concentración cuando me dispongo a realizar cualquier tipo de actividad. Establecer una rutina ha sido esencial para aguantar el encierro en casa durante más de mes y medio. Pero tengo la sensación de estar dentro de un bucle, una suerte de día que se ha alargado más de la cuenta. 

Las clases no presenciales han ayudado a aliviar la sensación de vacío, aunque en ocasiones adecuarse a esos horarios está siendo complicado. Creo que algunos profesores de la Facultad de Comunicación no han sabido adaptarse a esta situación sobrevenida, principalmente porque han obviado el contacto con sus alumnos. No obstante, nosotros los estudiantes también debemos ser consecuentes y entender que muchos de ellos se esfuerzan en encontrar la mejor opción para nuestro aprendizaje. Lo ideal sería que tanto alumnado como profesorado encontremos una cierta sintonía que nos permita aprovechar al máximo los recursos virtuales que nos ofrece la Universidad de Sevilla.

Una de las dificultades que se unen al confinamiento es la imposibilidad de reunirnos físicamente con nuestros compañeros para poder realizar los trabajos de las asignaturas. Y también hemos notado que muchas asignaturas han propuesto la realización de más trabajo. Por tanto, éstos se nos acumulan en las tareas pendientes. Sin embargo, este aumento de actividad favorece que el encierro sea más soportable, pues me ayuda a mantener la mente activa y ocupada.

Algunos profesores no han sabido adaptarse a esta situación sobrevenida, principalmente porque han obviado el contacto con sus alumnos

Durante estas semanas, solo he salido de casa un día y se convirtió en una odisea. Cuando el Gobierno decretó el Estado de Alarma y el consiguiente confinamiento, decidí que me iba quedar en Sevilla para evitar tener que coger un avión para volver a Canarias, lugar donde se encuentra mi residencia habitual. Sin embargo, ante el empeoramiento de la situación, mi hermano y yo intentamos cambiar un vuelo que habíamos reservado hace unos meses, aunque desde la compañía nos informaron que debíamos comprar un nuevo billete para el viernes 20 de marzo y posteriormente llamar para cancelar el primero de ellos. Realizamos la operación, pero al contactar con la compañía, nos informó que el vuelo adquirido se había cancelado. Ante esta situación, buscamos diversas alternativas para volver a casa. Encontramos un vuelo a Tenerife, por lo que decidimos realizar rápidamente la maleta y dirigirnos al aeropuerto a las 8 de la mañana para preguntar si existía la posibilidad de viajar en ese avión. Al llegar allí, y tras hablar con la compañía, conseguimos los billetes. Una vez en el avión, pudimos sentarnos juntos, siempre manteniendo la distancia con el resto de pasajeros.

Cuando aterrizamos en Tenerife se tomaron diversas medidas de seguridad: rellenamos un formulario en el que debíamos justificar nuestro viaje a la isla y nos tomaron la temperatura. Para ir a Gran Canaria nos comentaron que había lista de espera en los aviones, por ello, decidimos desplazarnos hasta el puerto para coger un barco. Las tres horas en el barco fueron complicadas, ya que el mar estaba picado. Finalmente, desembarcamos en Gran Canaria y llegamos a casa sanos y salvos. Desde ese instante, estuvimos durante dos semanas en cuarentena en nuestras habitaciones, ante la posibilidad de cualquier posibilidad de contagio. 

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